RE- DESCUBRIR/ TRANSFORMAR EL “HACER” EN TIEMPOS DE PANDEMIA

Karina V. Risco Canales

“Y mis manos son lo único que tengo,
son mi amor y mi sustento”
Víctor Jara, 1972.

 

La coyuntura global del virus COVID-19 ha implicado una serie de adaptaciones sociales que giran en torno al eje público/privado. La amenaza del contagio ha re-configurado las relaciones sociales y las acciones individuales; luego de cinco meses desde que se declaró la pandemia a nivel país, el aislamiento social pasó a ser cuarentena total, y el emblema “quédate en casa” despliega la búsqueda de nuevas actividades para hacer con el fin de ocupar el tiempo libre.

Distanciamiento social en la época del Renacimiento.
Extracto de «La Creación» de Leonardo Da Vinci, 1512.

 

(Des)organización del tiempo  

A finales del siglo XIX, la explotación de la fuerza de trabajo fue un aspecto fundamental del régimen de producción capitalista descrito por Karl Marx en su obra El capital (2014) al observar las jornadas laborales dentro de las fábricas alemanas. El dominio del sistema capitalista sobre los/as trabajadores/as, sus ocupaciones y tiempos ha sido una constante que se ha extendido hasta nuestros días, pero que se ha visto truncado producto de la pandemia.

El virus COVID-19 ha re-configurado las jornadas laborales, la vida social, íntima y familiar; la flexibilización se transformó en teletrabajo, clases online, reuniones por plataformas digitales, etc. limitando la interacción física y el esparcimiento en el espacio público, por consiguiente, re-orientándolo al espacio privado. De esta manera, y aunque el trabajo siga siendo una actividad necesaria – y la cesantía vaya en aumento -, la permanencia en el hogar ha liberado parcialmente el tiempo, permitiéndonos el desarrollo de actividades diferentes a las acostumbradas cotidianamente; diferentes a la vez que adicionales a las responsabilidades que asumimos como sujetos/as en sociedad.

 

El “hacer” como objeto de estudio

Considerando la ruptura en rutinas, jornadas, en la temporalidad, en el espacio, he notado que nos encontramos reorganizando nuestros tiempos y actividades bajo la condición excepcional del estar permanentemente dentro del hogar. El enlace entre ambas áreas tiempo-espacio la traduzco en el hacer y en la acción: ante la ruptura del control del tiempo, nos preocupa el vacío, el vacío de no tener qué hacer, que es más bien, pienso, el poder hacer lo que “yo” quiera.

Entonces quedó al descubierto el desconocimiento sobre nuestros propios gustos personales: no saber qué hacer es el vidrio roto de la acción obligada, reglamentada, delimitada. ¿Ahora, qué hago con mi tiempo, y no solo con eso, con mi cuerpo, con mi mente, con mi respiración, con mi existencia? ¿Cómo es vivir para mí?

La pregunta por el hacer se posicionó como un interés particular. Por lo que en el presente trabajo etnográfico recopilé mis observaciones y referencias auto-etnográficas durante la pandemia. Además, como un ejercicio de experimentación metodológica y de curiosidad, y bajo las condiciones de aislamiento social y de tecnologías virtuales que nos conectan, me atreví a nutrir mis observaciones solicitando la colaboración voluntaria de fotografías a través de redes sociales, por lo que el presente trabajo se enmarca también bajo el alero de una sociología visual.

Manos pintadas por Pablo Picasso y fotografiadas por Man Ray, 1935.

El hacer lo he definido como aquella acción que se lleva a cabo con el cuerpo, específicamente mediante el uso de las manos, considerándolas un vínculo efectivo y real con otros cuerpos y objetos. Que permiten el ejercicio de actividades físicas y motoras otorgando capacidades tales como tocar, agarrar, sentir, sujetar, etc. También comunicar, y develar múltiples significados mediante su apariencia y ejecución. Nuestras manos nos permiten actividades individuales a la vez que sociales, su uso varía de acuerdo al momento y la motivación. Las acciones que implican una jornada de trabajo son diferentes a las realizadas fuera de él; las responsabilidades cambian, y la voluntad también.  Por eso me pareció algo interesante de observar, en especial considerando que la coyuntura nos ha empujado a habitar el interior, y que una de sus representaciones más evidentes es lo que realizamos a través de nuestras manos.

Entender lo personal como una cuestión política implica reconocer las relaciones de poder que operan detrás de las acciones que realizamos comúnmente, y que está vinculada estrechamente a los requerimientos del capitalismo. El filósofo e historiador francés Michael Foucault (2002) ha desarrollado ampliamente la relación existente entre el cuerpo y el poder, de una “anatomía política” que co-erciona el cuerpo, manipula sus gestos y comportamientos. Y que nos han sido incorporadas mediante la educación y las disciplinas, porque ha sido fabricado y controlado como un instrumento productivo, formando “cuerpos dóciles”.

Ha habido, en el curso de la edad clásica, todo un descubrimiento del cuerpo como objeto y blanco de poder. Podrían encontrarse fácilmente signos de esta gran atención dedicada entonces al cuerpo, al cuerpo que se manipula, al que se da forma, que se educa, que obedece, que responde, que se vuelve hábil o cuyas fuerzas se multiplican (Foucault, 2002, pág. 125).

En Vigilar y Castigar (2002), publicado originalmente en 1975, realiza todo un estudio respecto al nacimiento de los sistemas penitenciarios, a las tecnologías del poder y al dominio sobre los cuerpos. En el apartado del Control de la Actividad, mediante el ejemplo del control sobre el cuerpo de los soldados de tropa, brinda un importante análisis que da cuenta de la relevancia de la elaboración temporal del acto:

Se define una especie de esquema anatomo-cronológico del comportamiento. El acto queda descompuesto en sus elementos; la posición del cuerpo, de los miembros, de las articulaciones se halla definida; a cada movimiento le están asignadas una dirección, una amplitud, una duración; su orden de sucesión está prescrito. El tiempo penetra el cuerpo, y con él todos los controles minuciosos del poder (Foucault, 2002, pág. 140).

La edad clásica dio las primeras aproximaciones a un control que impuso de lleno como estrategia del sistema capitalista. Sin embargo, el virus COVID-19 ha limitado la productividad del cuerpo y lo ha reconducido al espacio privado, lo cual ha puesto a prueba la lógica del capitalismo que ha debido flexibilizar o adecuar forzosamente su producción desde el hogar. Aun así, no es capaz de controlar el total del tiempo que disponemos ahora, por lo que nos ha empujado a la búsqueda de nuevas actividades para realizar. Esta problemática es el objetivo del presente trabajo.

Adicionalmente, cabe señalar que me cuestiono sobre la validez del hacer mediante las manos como objeto de observación sociológica. Me pregunto sobre si se ha escrito sobre esto con anterioridad. Tal vez no con la precisión con la cual lo he planteado: la exclusividad del uso de las manos. De cualquier modo, me atrevo a proponerlo como objeto de estudio, porque la crisis social, política, económica, cultural, intelectual:  humana a la que estamos actualmente expuestos/as amplia los márgenes de lo inimaginable, y la imaginación sociológica (Mills, 1961) no descansa.

 

Método etnográfico, auto etnográfico, multilocal y visual

La sociología, al ser campo de estudio y una ciencia relativamente nueva, que se desarrolló como producto de la modernidad, está siempre abierta a debates en cuanto a lo teórico, a lo metodológico y a lo epistemológico. Hay ocasiones en que la teoría parece alejarse de la realidad que pretende analizar, incluso forzando a la vida social a mantenerse dentro de los márgenes de la teoría y no al revés. El campo metodológico, por su parte, es ampliamente discutido y re-formulado, especialmente en lo referente a la investigación cualitativa. En este sentido, y dado que su objetivo es comprender los fenómenos sociales, la complementación entre métodos cualitativos me parece una vía fecunda al momento de recopilar información sobre la vida social.

Para referenciar el marco metodológico dentro del cual me situé, habremos de considerar a la etnografía como un método que se caracteriza por relevar la importancia de la observación y la participación directa con el grupo humano que se selecciona como objeto de estudio (Muñoz, 2014). La auto-etnografía incorpora al análisis los materiales autobiográficos del/a investigador/a, reconociéndolos como datos primarios, por lo que releva la importancia de la experiencia personal:

La auto-etnografía enfatiza el análisis cultural y la interpretación de los comportamientos de los investigadores, de sus pensamientos y experiencias, habitualmente a partir del trabajo de campo, en relación con los otros y con la sociedad que estudia (Muñoz, 2014, pág. 238).

De esta manera, se diluye la separación entre el/la investigador/a y lo investigado transformándose el/la investigador/a en actor/triz a la vez que sujeto/a de la propia etnografía.

Por otro lado, y dado que el objeto de estudio del hacer como acción social y/o individual tiene la potencialidad de ser compartida en distintos lugares considerando el contexto global de encierro, partiré de la base de que nos vemos enfrentados/as a la misma problemática, por lo que incluiré el enfoque que brinda la etnografía multi-local, puesto que ésta está diseñada alrededor de cadenas, sendas, tramas, conjunciones o yuxtaposiciones de locaciones en las cuales el etnógrafo establece alguna forma de presencia, literal o física, con una lógica explícita de asociación o conexión entre sitios que de hecho definen el argumento de la etnografía (Marcus, 2001, p. 118).

Así, la forma presencial está dada por la trayectoria realizada durante la auto-etnografía y por el entendido de la cuarentena nos incluye a todos/as por igual. Mas, como he señalado anteriormente, a modo de experimentación metodológica -y como un ejercicio de curiosidad-, he considerado también las experiencias de otros/as sujetos/as a través de fotografías.

 

Imagen de La Cueva de las Manos,
 ubicada en la Provincia de Santa Cruz, Argentina,
9 mil años antes del COVID-19

La contribución de este material ha sido inmensamente significativa, puesto que, tomando las palabras de Ortega (2009) “todo medio de registro fotográfico de imágenes no es otra cosa que una prótesis para el ojo que permite ampliar nuestra visión”. Dicho esto, además de permitirme contrastar y complementar mis observaciones, también me ha concedido proyectar una presencia indirecta hacia otros lugares y con otras personas. A medida que fui escribiendo mis observaciones, y releyéndolas, me pregunté si aquello se correspondía con la realidad de otras personas durante la cuarentena, o bien, si serían sólo apreciaciones personales. La curiosidad por ampliar el margen de la auto-etnografía. Por lo que, través de una publicación en dos redes sociales (Instagram y Facebook) planteé como un ejercicio la cuestión acerca de la re-orientación de nuestras actividades producto de estar en nuestras casas. Literalmente la pregunta fue sobre “la actividad que más has hecho durante la cuarentena/pandemia” lo cual debía ser retratado en una fotografía que podían compartirme siempre y cuando la persona se sintiera cómodo/da con ello, o sea, de manera voluntaria. De esta manera, recopilé un total de doce fotografías, las cuales están incluidas en el siguiente apartado de este trabajo.

             

Manos a la obra

Cuando observo mis manos y las de otras personas he notado de manera significativa que el hacer-público ha sido despojado de su razón instrumental y utilitaria, y se ha transformado en un hacer-sentir, cuya acción tiene como fin el desarrollo de la expresión personal: las acciones están orientadas a la expresión de emociones y sensaciones, a la recreación y entretención, al placer y hedonismo propio. Hacer algo ya no tiene el propósito de cubrir una necesidad ajena, sino de servirse a una misma, de proteger y cultivar la individualidad.

Son múltiples las actividades podemos hacer desde el hogar; las responsabilidades siguen ocupando parte del tiempo, no obstante, he observado una exploración de saberes en mi entorno: hay quienes han retomado actividades que habían postergado por falta de tiempo o interés, otros/as han comenzado a realizar nuevas actividades en el área culinaria, deportiva, lúdica, artística, espiritual, intelectual, agronómica, entre muchas otras. Otros/as han profundizado en algún conocimiento ya adquirido. Incluso, el hacer nada es una válida elección. A menos que sea cuestionada por el aburrimiento.

También, al limitarse la interacción física, hemos encontrado en la tecnología una vía de comunicación activa y permanente mediante el uso de redes sociales, por lo que mis manos se encuentran constantemente sujetando aparatos electrónicos como celulares, o posándose sobre la computadora para cumplir responsabilidades estudiantiles, realizar trámites, compras, pagos, para actualizarme de las noticias o para ver el vídeo viral de turno. En la línea de la actualización de información, o en la búsqueda de entretención, muchas manos sujetan el control remoto gran parte del día, sobre todo en la población adulta. La larga exposición ante pantallas me tiene los ojos cansados y la vista borrosa.

Así como se ha buscado el cultivo personal, a nivel social mis manos se han visto expuestas a incorporar nuevas funciones, y a limitar otras. El lavado de manos implica no sólo una acción específica y obligada, sino también un movimiento particular y riguroso según el cual debo usar jabón y por no menos de veinte segundos. De hecho, acción a realizar cada vez que entro a mi casa.

El contacto se ha visto limitado no solo con relación a objetos, sino que también hacia/con otras personas, por lo que el saludo mano a mano se considera un acto irresponsable, y debimos dejar de hacerlo. Sin embargo, en ocasiones he quebrado esta norma; las pocas veces que he visto a amigas/os nos hemos abrazado de manera cómplice y contestataria. Todas las manos buscan calor, y el abrazo es la mejor forma de encontrarlo.

Las caricias son reservadas casi exclusivamente para miembros de la familia. En mi vida he sentido manos que acarician con firmeza, casi furia, buscando incrustarse y atravesar la piel al tocarla. Otras, en cambio, parecen flotar sobre la piel, delicadas, suaves, respetuosas, tímidas, que no buscan interferir en la natural forma del cuerpo, sino apreciar su contorno. Me pregunto si volveremos a acariciar de la misma manera cuando pase la pandemia. ¿Cuánto nos afectará la distancia en nuestras relaciones sociales y afectivas?

Escondo mis manos en el espacio público, y sólo el espacio privado me devuelve la seguridad. Las manos de quienes deben salir a laburar están rotas de tanto jabón, alcohol- gel y cloro. La crema arde y no alivia, los guantes molestan, pero sirven. Veo manos empuñadas y guardadas por el frio, expuestas sólo para sujetar bolsas, o tabaco. Manos adheridas a un cuerpo que sale a la calle sólo para comprar o trabajar una vez obtenido el salvoconducto.

Hace unos meses atrás, como respuesta a la revuelta social de octubre del 2019 en Chile, el gobierno volvió a imponer los toques de queda y Estado de Sitio como estrategia para restringir la presencia de las personas en la vía pública, igual que como se hacía en dictadura hace 40 años atrás. El resultado en ese momento dejó incontables detenidos/as desaparecidos/as y horrorosos crímenes de lesa humanidad. En octubre, también; más de cuatrocientas víctimas de lesión ocular a causa de la violencia y crueldad policial, dos personas cegadas total e irreversiblemente, Fabiola Campillay y Gustavo Gatica, y otros/as tantos/as asesinados/as. El Estado que respondía con balas y represión declaró cuarentena total una vez que el virus se había esparcido por las poblaciones más vulnerables, aun cuando cuatro meses antes la presidenta del Colegio Médico de Chile, la doctora Izkia Siches, solicitó al gobierno de manera urgente la necesidad de declarar cuarentena total en el todo el territorio nacional de manera de prevenir en cuando antes el contagio masivo. ¿Podemos confiar en ellos? Parece más probable que el virus mute y se ponga buena persona.

Actualmente, el incumplimiento de la cuarentena obligatoria y el tránsito sin salvoconducto implica detenciones y altas multas. Las capuchas se transformaron en mascarillas, y las manos que se empuñaban en alto para salir a las calles a exigir dignidad y justicia hoy en día están llenas de hambre, y lo hacen saber tomando la olla vacía y la cuchara de palo para, desde sus propias casas, adherirse a la convocatoria de “cacerolazo” nacional. La pandemia del virus del COVID-19 profundiza aún más la desigualdad social, pero los territorios resisten organizando ollas comunes en diversos sectores del país.

He notado que las manos denotan la clase social: manos toscas, duras, firmes son totalmente distintas a manos suaves, finas y delicadas. Porque mientras las primeras producen el trabajo duro, las otras viven a costa de él. La producción capitalista sigue operando y muchos/as deben salir obligados/as a trabajar, a exponerse al contagio y a la imposibilidad de guardar la distancia social de un metro en el transporte público. Parece ser una situación que solo afecta a las familias más pobres; en mi caso, a mi mamá. Al tener un trabajo que implica su cuerpo, el tele-trabajo no es una opción para ella ni para sus compañeras, todas dueñas de casa, la mayoría con hijos/as. De producirse un contagio, me pregunto si tendrán una cama disponible en el hospital, o si estará reservada a las “mejores” familias. La acompaño a ver las noticias y conversamos sobre la credibilidad de las cifras entregadas por el gobierno: son falsas. Y entonces me inclino por la segunda opción mientras caigo en una eterna preocupación.

Mis manos transitan entre aparatos tecnológicos e instrumentos musicales; cuerdas, teclas, cuchillos, verduras, agua caliente, encendedor, frío son el contenido constante que he sujetado durante la cuarentena. Recuerdo las fotografías, y me inspiran a seguir reflexionando: con el uso de tus manos ¿Cuál es la actividad que más has realizado durante la pandemia?

A continuación, algunas respuestas visuales:

 Las posibilidades que otorga el tiempo libre, para quienes disponemos parcialmente de él, se expresan mayoritariamente en actividades de gusto personal y de entretención. Me atrevo a pensar que la mayoría de las personas han hecho el intento de realizar nuevas actividades, y en la búsqueda hemos encontrado el goce de nuevos placeres, así como el desarrollo de nuevos talentos y habilidades.

He observado que el arte y el deporte, el cultivo emocional, físico y espiritual, han sido áreas que se han potenciado producto de la cuarentena: la razón ha sido desplazada por el sentir, sentir desde la vía que permite el tacto y que se enraíza en la emoción. Sentirse bien en época de pandemia es un privilegio que nadie está dispuesto/a a perder.

Así también, existen personas para quienes el tiempo libre es ilusorio puesto que producto de actividades impostergables pasan largas jornadas expuestos/as frente a la computadora o a cualquier instrumento tecnológico con conexión a internet, cumpliendo responsabilidades laborales, de estudio o de otro tipo. En consecuencia, las manos están en un constante tecleo, y los ojos fijos en la pantalla.

Nos debatimos entre el tiempo que dedicamos a responsabilidades y a la recreación. Transformamos nuestras actividades y las acomodamos a la geografía de nuestro hogar. Tal vez, por primera vez hemos descubierto habilidades ocultas, o nuevos intereses. O nos agota el tiempo que pasamos leyendo PDF y en reuniones virtuales. Sentimiento compartido, y discutible. He tenido días en que he hablado por videollamada con amigas/os prácticamente todo el día, y he terminado cansada, alegremente exhausta. Hay otros, en cambio, en que simplemente no quiero hablar con nadie. Sea como sea, encuentro el consuelo en que es probable que compartamos las mismas sensaciones, y que, independiente de la forma, estamos en un proceso de auto-conocimiento irreversible.

Finalmente, agradecer a quienes me apoyaron en la elaboración de este trabajo, sea con su interés, escucha, orientación y, especialmente, con sus fotografías. Su aporte ha sido invaluable, muy significativo para mí. Espero volver a verles cuando termine esta pandemia.

 

Bibliografía

  • Foucault, M. (2002), Vigilar y Castigar. Nacimiento de la prisión. Editorial Siglo Veintiuno, México.
  • Marcus, G. E. (2001). Etnografía en/del sistema mundo. El surgimiento de la etnografía multilocal. Alteridades, (22), 111-127.
  • Marx, K. (2014). El capital. Crítica de la economía política (Vol. I). México: Fondo Cultura Económica.
  • Wright Mills, C. (1961). La imaginación sociológica. México: Fondo Cultura Económica.
  • Muñoz, J. G. (2014). El valor de la auto-etnografía como fuente para la investigación social: del método a la narrativa. Azarbe, revista internacional de trabajo social y bienestar, (3).
  • Ortega Olivares, M. (2009). Metodología de la sociología visual y su correlato etnológico. México: Argumentos, 22(59), 165-184

 

 

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