El caminar en tiempos de pandemia

Fernanda Ávila Avalos

La estrategia de análisis fue recolectar actitudes, acciones e interacciones sociales de la vida cotidiana de las personas durante el periodo de pandemia en el que nos encontramos actualmente, en especial la acción de caminar por las calles de Viña del Mar y Valparaíso. Teniendo en cuenta la idea que viene de la teoría de la sociología de los sentidos, la cual dice que los sentidos “no es cómo el cuerpo se representa, se modifica, mide o regula, sino el cuerpo que siente, es decir, la experiencia corporal” (Sabido Ramos, 2017: 375). Teniendo en cuenta tipos de metodologías de auto-etnografías como la que menciona Guerrero Muñoz en su texto de El valor de la auto-etnografía como fuente para la investigación social, en la que postula que es “necesario el equilibrio entre el contenido, el proceso de investigación etnográfico y el análisis de la información” (Guerrero Muñoz, 2018; 239).

El estallido social y la pandemia han cambiado el caminar en las calles. Las implicaciones de este cambio recaen en cómo los individuos se pueden desenvolver socialmente, en especial teniendo en cuenta el nacimiento de un gran movimiento social que tomó fuerza a nivel nacional.

Foto (Carlos Molina): La marcha más grande de Chile, 25 de octubre 2019

Se puede conectar y comparar históricamente el contexto actual con sucesos muy recientes, meses antes de la pandemia, Chile se encontraba en un proceso que se denominó estallido social o revuelta social, en donde cientos de miles de personas marchaban a diario, durante meses, para protestar en torno a distintas problemáticas que, desde el retorno a la democracia en el país, acechaban y reproducían una “desigualdad estructural de la sociedad chilena, que se ha vuelto insoportable” (Garcés, 2019: 3). Desde ese periodo, hasta el día de hoy (y probablemente durante varios meses más), las formas en que nos relacionamos y desenvolvemos en la ciudad se han transformado, como, por ejemplo, el acto de caminar. Para Iturra (2018) el caminar es una situación del cuerpo que se relaciona directamente con las superficies que lo rodean, cuya relación “se expresa a través de la distancia y se construye a través de una narración” (Iturra en Tironi y Mora, 2018: 233).

Foto (Susana Hidalgo): estallido social, 25 de octubre 2019.

Quien camina “está inmerso en la multiplicidad de ruidos, murmullos, ritmos, incluso aquellos del cuerpo que pasan desapercibidos” (Lefebvre, 2004: 28). El cuerpo afecta y es afectado por otros, o como diría Rodaway “el cuerpo es con otros” (Rodaway en Sabido Ramos, 2017: 378), en este caso, las marchas dictan el proceso de caminar de las personas que no forman parte de los protestantes, y que deben adaptarse a los constantes cambios que ocurren en las ciudades. La práctica de caminar entonces “se construye en un espacio siempre en formación” (Massey en Tironi y Mora, 2018: 235). Una persona puede querer evitar pasar por una marcha, por lo que significa el ambiente de estas, gritos, encuentros con las fuerzas especial de carabineros, bombas lacrimógenas, humo de las barricadas, etc. que pueden motivar a las personas el cambiar su recorrido y caminar hacia su destino por otras calles. Como también puede ser el factor de motivación para que personas salgan a las calles, durante el estallido muchas personas salieron a manifestarse por primera vez, o después de mucho tiempo, como lo fue con aquellas personas que marchaban durante la dictadura, pero dejaron de hacerlo después del retorno a la democracia.

Foto (El Mostrador): huelga feminista, 8 de marzo 2020

Para Le Breton, la corporalidad humana es un fenómeno social y cultural que nos recuerda que «las acciones que tejen la vida cotidiana implican la participación de lo corporal» (Le Breton, 2018: 9). De esa forma, la corporalidad está constantemente en un proceso de producir significados, insertando al ser humano en espacios sociales y culturales determinados. Este proceso es social, la percepción no es algo que afecta a las personas de manera individual, sino que es afectado por lo social y su contexto socio-histórico. En el caso del estallido social, el fenómeno de la corporalidad humana se vio configurado por las grandes masas de personas que protestaban día a día en las calles. Miles de personas que no se conocían el uno al otro, pero compartían un malestar en común, lo cual era suficiente para que se unieran en un lugar público como lo son las calles. Este malestar pasó, por años, desde el retorno a la democracia, inadvertido por la mayoría de los chilenos, que seguía bajo la ilusión de que la alegría ya vendría a Chile. Bastó con que los estudiantes secundarios saltaran los torniquetes del metro, en protesta a las alzas de los precios, para despertar un sentimiento de solidaridad entre todos, puesto que si bien este cambio no afectaba a los estudiantes (ya que tienen una tasa fija para ellos), sí afectaba a sus padres y a todos los usuarios que utilizan ese transporte, los cuales en su mayoría son trabajadores. Este acto en las estaciones del metro fue lo que Le Breton llama el tejido de la vida cotidiana, lo que produjo una idea de que las personas merecían más de lo que se les prometió en la transición, más de lo que los partidos pactaron en la democracia de los acuerdos, que excluyó a la sociedad civil y los movimientos sociales de toda decisión política.

En los últimos meses toda la dinámica del estallido social se vio paralizada por la pandemia que ha afectado a todo el mundo. El Covid-19 es un virus que ha causado estragos alrededor de todo el globo, y Chile no es la excepción. Las protestas pararon casi inmediatamente después de los primeros casos confirmados en el país, sin necesitar de una cuarentena obligatoria impuesta por el gobierno. Esto pareciera hablar del comportamiento de los individuos que protestaban, ya que entre las “normas” de este virus, está el cuidarse, no sólo a uno mismo, sino que al resto, por lo que era necesario guardarse, no salir a la calle, y así protegernos entre todos. Desde fines de marzo que una considerable cantidad de personas han estado en cuarentena o practicando lo que se conoce como distanciamiento social. Esto es completamente lo opuesto al estallido social. Si en tiempos de estallido era necesario salir y estar cerca y en contacto con miles de personas alrededor tuyo, en tiempos de pandemia hay que quedarse en casa y mantener distancia con el resto de las personas.

Entre las personas que han decidido estar en cuarentena, me incluyo. Solo he salido para realizar cosas esenciales como pagar cuentas y comprar comida. En estos trayectos he visto distintas interacciones y comportamientos que han llamado mi atención. Mi primera interrogante es ¿para qué camina la gente en cuarentena? La mayoría, para trabajar o para comprar cosas necesarias. Otros deben ir a casas de familiares a los cuales tienen que cuidar, etc., quiero creer que la minoría sale a caminar por gusto, ya que esto significa un riesgo no sólo para ellos, sino que para el resto de las personas que no pueden cumplir con la cuarentena puesto que trabajan en empleos esenciales. Antes de realizar el acto de salir de casa y caminar, hay que tomar precauciones. Se ha vuelto una suerte de ritual el prepararse antes de salir: la mascarilla, los guantes quirúrgicos, el jabón o desinfectante, etc.

Foto (Duna): Personas en una fila practicando distanciamiento social.

Si bien la pandemia mundial detuvo la caminata política del país, no ha detenido el pensamiento político de las personas, que han buscado manifestarse de otras formas que puedan suplir la acción del caminar, lo cual se evidenció también en octubre luego de que impusieran toque de queda todas las noches. Los cacerolazos han formado parte del descontento nacional desde el 18 de octubre, y desde marzo del 2020, han tomado un rol aún más protagónico en el tejer de la vida cotidiana de los chilenos, siendo la única forma masiva y presencial (pero a distancia) de demostrar la insatisfacción con el modelo del país.

Otra opción de protesta, y es algo que he podido evidenciar a medida que pasa el tiempo, es que las mascarillas han tomado una forma de expresión por parte de las personas. Cada vez es más común ver a gente con diseños en sus mascarillas. Estos diseños pueden ser de distintos tipos, como los gustos personales de cada individuo, pero un fenómeno es que estos han tomado un carácter político, lo cual no es sorprendente en un país que en los últimos meses se ha tornado muy político, pero sí es un fenómeno interesante que las personas han buscado nuevas formas de comunicar sus demandas, sus posturas y sus ideales al resto de las personas, en un momento en que la forma más común para llevar  a cabo estas  acciones no está permitida. Esto también se puede vincular a la sociología de los sentidos. El estudio sociológico de los sentidos corporales «no se limita a lo que las personas sienten, sino a cómo ese sentir da lugar a formas de relación» (Sabido Ramos, 2017: 384). En este caso, si ya no es posible marchar en masa, las formas de relación con respecto al descontento deben cambiar, un cambio de caminar en masas durante el estallido social a no-caminar durante la pandemia. Podemos ver cómo entonces la gente ha decidido mostrarse hacia al otro con un mensaje específico. Para Simmel el cuerpo adornado (Simmel en Sabido Ramos, 2017) es parte fundamental sobre la percepción y relación con el mundo, el adorno, en todos sus casos, se condesa para «ser para sí» y «ser para otros», posibilitando la ampliación de la personalidad propia, produciendo una atención sensible por parte de la mirada de los demás. Se ha hecho más común ver a gente con mascarillas amarillas, que llevan el mensaje de No+AFP, mascarillas verdes o moradas con mensajes feministas que hacen alusión a distintas de sus luchas, como el aborto libre o la justicia ante los crímenes del patriarcado, por tanto, se ha configurado tal forma de relación que toma en cuenta la percepción que el otro adquiere con la mirada.

Podemos concluir que el estallido social significó un cambio para el día a día de todos los que habitan este país. Tanto para las personas que “despertaron” y empezaron a caminar y marchar por un Chile más justo, como aquellas que cambian su recorrido y caminan en las calles colindantes de la acción, evitando lo que conlleva el proceso revolucionario de este movimiento social. Pero nadie queda ajeno a los procesos que han ocurrido, y tampoco se pueden desligar de cómo estos procesos han configurado distintas formas de relaciones sociales que han afectado en las formas en que nos comunicamos y manifestamos como individuos, y como sociedad. El caminar (y no caminar, en pandemia) son ambos, fenómenos que pueden ser analizados desde una perspectiva sociológica puesto que es imposible que ambos hechos renuncien a la sociedad, son una parte intrínseca de las movilizaciones, y aún más personal, son parte intrínseca de los humanos.

Bibliografía:

Guerrero Muñoz, J. (2014). El valor de la auto-etnografía como fuente para la investigación social:  del método a la narrativa. Revista internacional de trabajo social y bienestar. (3), 237-242.

Le Breton, D. (2018). La sociología del cuerpo. Madrid: Ediciones Siruela.

Lefebvre, H. (2004). Rhythmanalysis: space, time, and everyday life. London/New York: Continuum.

Sabido Ramos, O. (2017). Georg Simmel y los sentidos: una sociología relacional de la percepción. Revista Mexicana de Sociología. 79(2), 373-400.

Tironi, M., Mora, G. (2018). Caminando: prácticas, corporalidades y afectos en la ciudad. Santiago: Ediciones Universidad Alberto Hurtado.

 

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