Maternidades y reflexiones desde el hogar en contexto de confinamiento por covid-19.

Nikolle Andrea Marín Cruz

El presente trabajo busca desarrollar una etnografía a partir del método auto-etnográfico de Denzin (2017), con el fin de llevar a cabo un análisis interpretativo crítico en cuanto a mi relato expuesto en contexto de pandemia por covid-19, y a través de este evidenciar las problemáticas socio-emocionales que atraviesa la maternidad como proceso-estado en un contexto pandémico (situación de encierro de casi cuatro meses hasta ahora). A través de mi relato pretendo exponer y analizar, desde una perspectiva feminista y socioeconómica, las problemáticas que interceden en el devenir de una madre en contexto de confinamiento.

Para el presente es relevante comprender la escritura y la auto-escritura, como un proceso de revelación, de auto conocimiento y de sanación, la cual nos permite vernos y revelar el complejo sistema de emociones y conceptos que compone nuestra reflexión. La escritura en este sentido implica, desde López (2015), “cuidar de sí mismo, que viene a ser una ética – comportamiento relacional con uno mismo y con el otro- y una estética- la vida personal y colectiva como proyecto de vida que se crea a diario – diligentes’’ (pág. 237). Este cuidado mutuo que hace referencia a la inter-conexión entre sujetas es el sustento que convierte en gratificante la experiencia. Entender la auto etnografía interpretativa como contribución a un cambio sustantivo de la forma en la cual vemos y hacemos investigación, una concepción democrática como libertad, como “forma de actuar sobre el mundo para transformarlo” (Denzin, 2017, pág. 89).

Por otra parte desde lo planteado por Marcus (2001), cualquier etnografía de una formación cultural en el sistema mundo es también una etnografía del sistema y, por tanto, no puede ser entendida sólo en términos de la puesta en escena convencional de la etnografía unilocal, suponiendo realmente que el objeto de estudio sea la formación cultural producida en diferentes localidades, y no necesariamente las condiciones de un grupo particular de sujetos (pág. 113).

Se constituye una tecnología de resistencia frente al sesgo limitante de la condición humana individualista y separada (López, 2015), entendiendo el relato y cuidado de una y de la otra -mujer madre en este caso- desde la noción de que sin la otra no hay una “yo”. Implica un desplegar la conciencia y asumir la duplicidad y la multiplicidad de sentires y vivencias y usarlas como fundamento. Ampliar la red, ampliar el catastro, sumar trabajo a la teoría feminista, para y por su crecimiento.

Tal como plantea Laura Gutman

Acercar las vivencias que todas las mujeres atravesamos como si fueran únicas, sabiendo al mismo tiempo que las compartimos con las demás hembras humanas y que forman parte de una red intangible en permanente movimiento” (Gutman, 2002, pág. 8).

 

Una carrera de obstáculos

La presión social es un eje importante. Me hace cuestionar las formas de cómo llevo a cabo este confinamiento. Constantemente siento que debo representar un rol cuasi perfecto que implica la productividad tanto académica y laboral como en la limpieza y el orden, mantener a mi hijo ocupado con tareas y actividades “productivas” para él, tiempo en familia, la alimentación, mi físico, cómo me veo, mi cara, ánimo, mis emociones, mi ropa; es como si el canasto que cargamos lo siguiéramos llenando con cosas para demostrar un rol sumamente dogmático, lo que puedo hacer como madre, de lo que soy capaz, que puedo con todo sin problema alguno, con una sonrisa enorme en mi rostro. Intento bajar la cantidad de tiempo al día en el que estoy en redes sociales, pero no lo sé, quizás busco al mismo tiempo mantenerme al día en esa línea, no quedar atrás en el mundo virtual (24 de abril, 2020).

 Se observan distintos ejes que fundamentan un paradigma coercitivo que trasciende la pantalla para instalarse dentro del imaginario y hacernos pensar e incluso creer, que se están haciendo las cosas y llevando a cabo la vida de determinada buena o mala manera. La forma en la que las redes sociales alcanzan el criterio es asombrosamente efectiva. Los discursos sostenidos bajo estas plataformas direccionados hacia la mujer responden muchas veces al imaginario post-modernista feminista occidental. El continuo intento de definición, sujeción y control (Gargallo, 2014) hacia el cuerpo femenino se encuentra desplegado en todas las aristas que definen nuestra sociedad. Los mass media no son la excepción, y en cuanto al tema de la maternidad y la crianza se podría decir que se transforman en una guía virtual de cómo llegar a ser una “madre modelo”. En el imaginario de la mujer madre confinada, como se deja ver en el relato anterior, existe una necesidad de sentirse parte de aquel mundo virtual, compartir la experiencia que en este se da, de sentirse incluida y al mismo tiempo conectada con el resto.

Se observa una “culpa por no satisfacer las expectativas” que no es para nada nueva, sino que pareciese ser el sello de las “nuevas maternidades” occidentales, o de las “madres modernas” o feministas desde una perspectiva económica. Durante siglos y a partir del crecimiento sistemático del modelo neo-liberal, la mujer madre ha sido sometida a una constante presión social que pareciese le impulsa a la persecución por el rol de aquella “madre modelo”. Si bien ya es reto suficiente la conciliación de la vida laboral con la maternidad, el contexto de confinamiento ha puesto una valla más alta en la carrera, imponiendo desde la construcción social y su máquina simbólica (Bourdieu, 1998) un confinamiento en el cual la rutina siga intacta, al mismo tiempo que la calma.

Este parece ser un reto 2.0 en el cual las madres deben demostrar, una vez más, que pueden con todo, lo cual implica un contexto intenso, caótico y álgido, que repercute sicosocialmente en la vida de la mujer madre en cuestión. A partir de la auto escritura que se expone, es posible dar sentido a aquellos fragmentos de la cotidianidad, fragmentada y discontinua (López, 2015), que contienen el significado, el sentimiento y las reflexiones de esta madre confinada; y que supone una cotidianidad a su vez fragmentada.

El presente confinamiento por covid-19 no ha hecho más que evidenciar la carga de cuidados que llevan a cabo las mujeres madres dentro del hogar. Desde la distribución estricta de las actividades asignadas por el orden social y la estructura del espacio y del tiempo dentro del hogar, bajo las cuales se ratifica aquella maquina simbólica de dominación masculina a la que hace referencia Bourdieu (1998).

 

La Rutina

(…) Pensaba que ya estas semanas serían distintas, pensaba que de a poco retomaría de mejor forma mis cosas, con él en casa y ya con un ritmo un poco más definido. No ha sido así. A causa de su cuasi retorno laboral, he tenido que hacerme cargo de las cosas de mi hijo y de la casa casi sola. Sigue siendo complejo sentarme durante el día frente al computador o sentarme a meditar mis ideas. Tengo muchos pendientes, lo cual me hace desesperar a ratos. El eterno lavado de loza, el dilema del pijama o de si me pongo ropa, el qué vamos a comer, encontrar el espacio y la energía para jugar y ser divertida para mi hijo, que me duermo en la noche frente al computador…

(…) El incansable intento de generar y conciliar la rutina que se me resbala de las manos al caer el día. (01 de junio, 2020)

 

Desde una perspectiva socio-económica es posible visibilizar y apuntar al modelo de acumulación como el responsable de las explotaciones físicas y emocionales, que cruzan los cuerpos femeninos en este siglo. Incluso apuntar en este lineamiento a una construcción alternativa anti-sistémica, con la cual sea posible una trascendencia ante esta explotación que se menciona.

Jimena Arnolfi vive en las afueras de la ciudad de Gualeguaychú, en la provincia de Entre Ríos, Argentina.
Fragmentos de un libro inédito escrito durante su embarazo y puerperio.

Pero, por otra parte, desde el rol femenino en el hogar, cabe mencionar el hecho de que, en Chile, en el ciclo de inicio de familia (con niñas y/o niños entre 0 y 6 años), las mujeres dedican en promedio 70 horas semanales al trabajo no remunerado. Una cifra elevada si la comparamos, por ejemplo, con la máxima jornada laboral legal de 45 horas, y con las 31 horas semanales promedio que realizan los hombres en los hogares que se encuentran en la misma etapa del ciclo (F. Barriga, 2020). Como se mencionó anteriormente, la adjudicación casi automática en muchos casos de tal labor y responsabilidad dentro de la familia florece de la división de los cuerpos. Es el régimen económico quien transforma, desde una lógica patriarcal, a las mujeres mismas en bienes comunes, desde la definición de su trabajo como un recurso natural (Federici, 2004), el cual no tiene valor monetario para el mercado ni el sistema de acumulación. Lo cual las convierte en destinatarias casi únicas del quehacer, del aseo, de la cocina, de la crianza.

Al ver estas cifras el escenario se vuelve más claro. El agotamiento y desasosiego que se deja ver en el relato anterior, y en el de cualquier mujer madre que se encuentre en este contexto, es absolutamente comprensible e incuestionable. Si bien desde una posición de privilegio, se asume la gran tarea de mantener “una rutina” dentro de un escenario pandémico como el actual. ¿Y qué es lo que queda? Una profunda pobreza de tiempo (F. Barriga, 2020) por parte de las mujeres. Una incapacidad de hacer uso de su tiempo y espacio, atiborradas por el quehacer y el cuidado. Y es que la externalización de “sí mismas”, hacia las tareas que apremian en el afuera, se convierte en la pieza clave que culmina en su bloqueo personal. Esto expresado en el orden social de Bourdieu (1998) el cual “construye el cuerpo como depositario de principios de visión y de división sexuantes” (pág. 11).

La rutina organizada y metódica a la cual se hace referencia pasa a ser un desafío, se representa casi como una quimera, un concepto borroso con el cual el fin se vuelve un tropiezo, desde el cual no se logra, sino que levantarse un par de escalones por debajo de lo que se comenzó.  Las tareas del hogar, la crianza y el teletrabajo son piezas muy difíciles de calzar, se transforman finalmente en un laberinto que muchas veces pareciese no tener salida, pero en el cual transita constantemente aquella madre ocupada y pobre de tiempo.

Bibliografía

Bourdieu, P. (1998). La Dominación Masculina . Barcelona: Editorial Anagrama.

Denzin, N. (2017). Autoetnografía Interpretativa. Revista Investigacioón Cualitativa, 81-90.

  1. Barriga, G. D. (17 de Marzo de 2020). No es amor, es trabajo no pagado: Un análisis del trabajo de las mujeres en el Chile Actual. Obtenido de Fundación SOL. Transformando el Trabajo: http://www.fundacionsol.cl/

Federici, S. (2004). Calibán y la Bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación primitiva. Madrid: Autonomedia.

Gargallo, F. (2014). Feminismos desde Abya Yala. Ideas y proposiciones de las mujeres de 607 pueblos en nuestra América. Ciudad de México: Editorial Corte y Confección.

Gutman, L. (2002). La Maternidad y el Encuentro con la Propia Sombra. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Planeta.

López, R. A. (2015). Escribir para cuidar de sí y del otro: Pensarse, crearse y regirse desde la escritura. Actualidades Pedagógicas, 229-244.

Marcus, G. E. (2001). Etnografía en/del sistema mundo. El surgimiento de la etnografía multilocal. Alteridades, 111-127.

 

 

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