Chile golpeado

Almendra Salinas Núñez

Han sido dias complicados, días en que he debido estar encerrada a causa de la pandemia que se ha extendido alrededor del mundo. Y la verdad es que siento que estoy viviendo una película que cada mes se vuelve más catastrófica porque desde el 18 de octubre del 2019 no he vivido en paz.

Aunque para ser más específica, vivir en Chile es vivir en constante movimiento ya que como todos podemos entender no es para nada un país fácil para vivir. Sin embargo, mi infancia y adolescencia fueron como esas que cuestionamos, ya que fui feliz, cegada con un velo impuesto por mis abuelos para crecer sin preocupaciones y maldad.

Ya cuando era más grande y con la muerte de uno de mis abuelos, mi abuela, la mujer que considero mi madre y la persona más importante en mi vida, me quitó el velo y me mostró la realidad. Por eso mismo he luchado toda mi vida contra las injusticias, contra la sumisión, contra la religion.

Por estos motivos cuando escribo que me siento en una “película catastrófica” no es por cuestionar o desmerecer todo lo que ha sucedido. Porque ese Chile antiguo, en donde todos callaban las injusticias me asquea y estoy sumamente feliz por el Chile que estamos construyendo. Sin embargo, siento que estamos perdiendo la batalla comenzada aquel viernes 18 de octubre por un pasaje, por la salud, por la educacion, por el estado arbitrario y por todos esos secretos y heridas que desde 1973 no han dejado de sangrar en este largo y angosto pais.

Y no quiero volver a esa “vida de antes”, pero tampoco sé como podemos ganar, hoy 18 de marzo a cinco meses del estallido social o de la primera protesta. Estamos en medio de una pandemia que es mundial y por primera vez ha traído a la palestra el cuestionamiento de este sistema de salud que fue catalogado por el ministro de salud chileno como el mejor en todo el mundo (o como Kramer dijo “en todo el sistema solar”). Sistema de salud que no cuenta con los insumos necesarios para ganar la batalla. En efecto era una de las demandas principales del movimiento iniciado en octubre de 2019. Porque no hay insumos en los hospitales para tratar las urgencias y las enfermedades, porque las horas de espera son altísimas y pueden pasar años para que recién tengan un quirófano disponible para que una persona consiga la operación que necesita. Estas condiciones pauperrimas solo denigran a los seres humanos que lamentablemente viven en carne propia la desigualdad creada por el capitalismo y que este pais sigue intensificando.

A pesar de esto tengo esperanza ya que la angustia y desolación que socialmente hemos albergado desde el 18 de octubre y aún más con esta pandemia, nos han dado la señal que debemos cambiar. Es por esto que en medio de todo lo que estamos viviendo, nos estamos cuestionando la vida que deseamos y tenemos que tener después de la cuarentena.

Foto: Montserrat Puebla, «Justicia para todxs», Valparaíso

Para esto hay que entender que la precariedad que esta generando el Coronavirus es un asunto de clase, las personas que trajeron el virus a Chile, están en sus casas de playa haciendo surf y comprando cientos de elementos dejando desabastecidos los supermercados para el resto. En cambio, la clase trabajadora está dia a dia exponiéndo su vida y la de su familia para ganarse el pan porque las empresas han expresado una nula humanidad al igual que el sector privado. No olvidemos de que la primera medida que tomó el gobierno fue ponerle precio al examen preventivo de COVID-19. Las medidas siguientes han sido pensadas en esos mismos privados justificándose en la inconstitucionalidad de medidas como “fijar precios de medicamentos y artículos de primera necesidad” como ha ocurrido en otros paises del globo.  

Por estas razones para la “vida de ahora” es imperativo ayudar a las personas que lamentablemente no pueden hacer cuarentena. Por esto se necesita ayuda social, cuarentena total, fijar precios y un estado que tenga control real sobre el sector privado.

Los chilenos y chilenas necesitan un compromiso real de parte del estado para que de una vez por todas esa sociedad “orientada a la muerte, devoradora del planeta, injusta, diabólica, especialmente con los marginados y excluidos”(Piro, 2020) se de cuenta que ya no pueden vivir como han vivido hasta ahora porque son ellos los que lamentablemente tienen el poder de cambiar las materias importantes que el pueblo necesita.

Me encantaría tener una fórmula para crear la “vida de después de la pandemia” y creo que existe. Sin embargo, en este momento histórico que estamos viviendo es necesario poner los pies sobre la tierra y atender las necesidades que tienen en este momento las personas porque ya no tenemos tiempo de soñar una vida que podría no existir si no nos cuidamos ahora.

Por último, creo fervientemente en que necesitamos un gobierno que nos escuche y se preocupe por nosotros, es por ello que con todos aquellos que estuvimos en las manifestaciones desde octubre del año pasado, saldremos a la calle nuevamente a exigir ser escuchados y que los derechos que nos pertenecen sean entregados de una vez por todas. Hago un llamado al auto cuidado, estar en casa si es posible, hacer videollamadas o jugar a las cartas, a intentar resistir este golpe que tan fuerte ha llegado. Hago un llamado tal vez ilusamente a no perder la esperanza porque esa anhelada vida del después que estamos esperando (muchos desde 1988), esa alegría va a llegar, de eso estoy segura.

 

 

 

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