Los muros también gritan

Analía Inés Meo

Cerro Alegre, Valparaíso, 29 de septiembre 2019. Foto: Analía Inés Meo

Valparaíso es conocida en muchos lugares del mundo como “la ciudad de los grafitis”. Emprendimientos turísticos de distinto tipo; dueños de pequeños comercios de diferentes rubros; periódicos nacionales e internacionales, artistas/muralistas consagrados internacionalmente (locales o no), organizaciones de la sociedad civil y jóvenes grafiterxs de distintas edades participan de esta producción simbólica, visual y material de esta ciudad. Desde la última década del siglo pasado, es posible documentar un crecimiento exponencial de la producción de los grafitis y los murales (con sus raíces históricas diferentes, sus técnicas y sus temáticas específicas, y sus modos específicos de llegar a Chile y a sus diferentes territorios) y también del llamado street art o arte callejero (formas híbridas que se entraman lenguajes, técnicas y temáticas propias de los géneros del muralismo y del grafiti, entre otros).

Cerro Alegre, Valparaíso, 29 de Septiembre 2019. Foto: Analía Inés Meo

 

Cerro Alegre, Valparaíso, 29 de Septiembre 2019. Foto: Analía Inés Meo

Cuando llegué por primera vez a esta ciudad, como tantos turistas, quedé fascinada por la cantidad, magnitud y diversidad de murales y grafitis que, en los cerros más turísticos (como el Concepción o el Alegre) definen los ritmos de las miradas, los recorridos de lxs extranjeros, sus postas fotográficas, y sus selfies despreocupadas. En estas partes de la ciudad, la mirada del extranjero/a (portador/a de extranjería cultural) se apropia del arte callejero muchas veces con una mirada ingenua, descontextualizada y a-histórica. Los murales son hermosos, coloridos, increíbles, verdaderas obras de arte. La mirada del turista tiende a desconocer que los murales, grafitis y arte callejero son más que objetos que están ahí para ser consumidos y observados como si fueran obras exhibidas en un museo. En este tipo de instituciones, las obras son elegidas, dispuestas en cierto orden y en particular relación espacial y semántica con otras por aquella persona/s a cargo de la curadoría de la exhibición. A diferencia de estas piezas de museo, los murales y grafitis son intervenciones y huellas materiales y simbólicas de personas o pequeños grupos que las imprimen en lugares visibles, elegidos, disponibles o que son puestos a disposición. A diferencia de las piezas de museo, las producciones visuales callejeras son obras orgánicas: tienen sus ciclos de vida definidos por una constelación de elementos que no pueden ser gobernados: son alterados por las lluvias, vientos y el paso del tiempo, y también por lxs otrxs -cuando se los ralla, se los taguea o se los censura-. A diferencia de los cuadros en un museo, son creadas en relación (muchas veces amable y bienvenida) con el muro y el lugar en el que se instalan, y se niegan y resisten a clasificaciones y criterios de ordenamiento claros, de tipo académico o curatorial. Se trata de materialidades que ponen en visibilidad y que también participan de lógicas sociales, económicas, políticas y visuales. Con sus imágenes, colores, y trazos propios de múltiples imaginarios y regímenes visuales, casi a manera de calidoscopio urbano, inscriben huellas, modos de reconocer el lugar. Hacen visibles sueños, utopías, gustos musicales, memoria colectiva local o nacional, broncas contenidas muchas veces indescifrables, necesidad de reconocimiento, y persistencia de injusticias y conflictos históricos y contemporáneos.

En mi último viaje a Valpo, aprendí que estas intervenciones artísticas se organizan en torno a variadas prácticas individuales y colectivas y responden a distintas motivaciones, objetivos y modalidades de apropiarse de una pared y con ella de la atención de la gente que por allí pasa. En el caso de los murales, por ejemplo, un momento importante del proceso es buscar un muro, una escalera, un paredón, y un lugar donde pintar (pidiendo la mayoría de veces permiso para usarlo, otras pintando allí porque está abandonado y no es de nadie, y algunas veces también a pedido de alguien que les paga para hacerlo, como pega). Imaginar un diseño, realizar los bocetos en papeles o en un cuaderno, conversar con otrxs si se trata de un trabajo colectivo y acordar qué pintar, dibujar el muro y pintarlo por sectores y decidir de manera cuidada la gama de colores a ser utilizada son procesos que llevan tiempo, concentración, dinero (las pinturas y los spray son caros), y mucho entusiasmo, cansancio físico, ganas y alegría. Aprendí con muralistas experimentadxs y con novicios entusiastas que pintar murales es para muchxs una fiesta. Una fiesta en donde se puede pintar en solitario, ensimismados y concentrados escuchando música con sus auriculares. Una fiesta en donde también se puede pintar con otrxs, escuchando, bailando y/o cantando mientras se pinta.

Desde el inicio de la profunda crisis social y política (verdadero estallido social) que está viviendo Chile y también Valparaíso, jóvenes de distintas edades han salido a las calles, en distintos cerros, a veces juntxs, a veces solos, “armados” de brochas, tachos, overoles, y sprays para dejar huellas y testimonios de cómo lo que sucede lxs atraviesa, afecta y modifica. Otrxs salen a tomar la calle con tachos de engrudo e ilustraciones. Gracias a INSTAGRAM pude conocer la elaboración de numerosos grafitis, murales y también pegatinas (paste up) en distintos lugares del país.

Mural realizado por Cuellimagui, murallista, elj_uan, y mataka, Valparaiso.
Instagram 21 de Octubre 2019

 


Mural realizado por leskaps, Valparaíso. Instagram 29 de Octubre 2019

Estas producciones visuales (sus colores, sus tonalidades, sus figuras y narrativas) acompañan los ritmos de las protestas, de la indignación, de la represión brutal, de la consolidación de asociaciones autogestionadas y de la creación de otras, de la convicción de que es posible una vida “digna” y que esa vida se construye con otrxs. En el caso de los murales, por ejemplo, muchas veces son imágenes que narran acciones de protesta, desafío, y resistencia de hombres y mujeres de distintas edades, y hasta del perro “matapacos”. Otras veces son imágenes que metaforizan lo que acontece, como la represión y las huellas de la violencia institucional hecha cuerpo, pero también el carácter intergeneracional de las movilizaciones y las alianzas en las calles. También los murales, sus trazos, colores y texturas, muchas veces se entremezclan con palabras o frases, tales como “DIGNIDAD”, “SIGUE LUCHANDO”, “NO SON TREINTA PESOS, SON 30 AÑOS”, “NO MAS ABUSOS AL PUEBLO”, “HASTA CUANDO CHUCHA”, “CHILE DESPERTÓ”, “NO TENEMOS MIEDO”, “UNIÓN Y LUCHA”, “ELLOS SI EVADEN SIEMPRE”, “ASAMBLEA CONSTITUYENTE”, “NOS COSTÓ TANTO ABRIR LOS OJOS Y AHORA NOS QUIEREN DEJAR CIEGOS”.

 

Ubicación no especificada, Chile. Instagram 28 de Octubre, 2019.

 

Mural “Un salto del Octubre Chile”, realizado por GIOVA, Valparaíso. Instagram 14 de Noviembre 2019.

 

Desde la elección de colores, figuras, y frases, lxs jóvenes que hacen murales, grafitis y pegatinas comparten sentires propios y propios de sus familias, de sus vecinxs, de sus amores, de sus amigxs, de su gente y de lxs que comparten sin conocerse las mañanas en la micro para ir al trabajo temprano. Estas intervenciones artísticas callejeras urgentes son animadas por la urgencia, por la injusticia ahora ya no aceptada, por el dolor, por la bronca y por la esperanza. Los murales, grafitis, el arte callejero muestran, hacen visible e intervienen en las luchas simbólicas y políticas locales y nacionales de cada día. Estas producciones visuales muestran que las paredes no solo decoran, que los murales decorativos (los más frecuentes en las partes turísticas de la ciudad) son sólo una forma de hacer que las paredes hablen. Muchísimos murales, grafitis y pegatinas de Valpo y de distintos lugares de Chile hoy gritan, lloran, reclaman, denuncian, animan, festejan, recuerdan, buscan construir comunidad (un nosotrxs), demarcar fronteras morales (destacando el coraje, rechazan la cobardía del abuso del poder en sus distintas formas y violencias), e imaginar futuros (pidiendo una asamblea constituyendo, soñando con un futuro hermoso). Las paredes interpelan, invitan y conmueven. Los muros con sus murales, grafitis y pegatinas hacen. Mirarlos, hacerlos visibles, escucharlos, compartirlos nos exigen pensar, sentir, y comprender. Se trata de registros visuales, materiales, afectivos y políticos de procesos históricos sociales, económicos y políticos que se despliegan en estos momentos. Las paredes hablan y gritan. Las paredes tienen que ser escuchadas porque son inscripciones vitales, con historia, que laten, lloran, y sueñan. Los murales y grafitis que encontré en INSTAGRAM muestran a los extranjeros (que pueden ser locales o nacidos en otrxs lados, porque son lxs que no se reconocen en el otro y sus formas de vida, ni se interesan por hacerlo) que las paredes tienen que ser vistas, oídas, sentidas y entendidas.

Realizado por Mauro Goblin, Valparaíso. Instagram, 16 de Noviembre 2019.

 

Las imágenes incluidas en esta nota fueran tomadas de distintas cuentas públicas de INSTAGRAM. En algunos casos, no nos fue posible contactarnos con lxs creadores de los murales/productorxs de imágnes y por eso no hemos incluido sus nombres o apodos. bu8Si ellxs quieren que sus nombres sean agregados a esta nota, pueden ponerse en contacto con VALPOAVOCES para que lo hagamos. Gracias!!!

 

2 comentarios sobre “Los muros también gritan

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